Turquía, la magia de la diversidad

“Durante una semana reflexionamos y recapacitamos en torno al sentido del lenguaje y la importancia de la etimología en la creación de significados que construyen nuestro actual mundo global y que, desde mi perspectiva, deben ser siempre deconstruidos.”


por Oriol Puig


Una veintena de personas desconocidas, en torno a 10 nacionalidades distintas y un lugar paradigmático de encuentro: Turquía. El país puente, la intersección histórica, el pasadero cultural, la gran joya de Anatolia sirvió de marco esencial para nuestro reunión diversa en búsqueda incesante de incluso mayor diversidad. Concretamente, Odemis, actuó de escenario bucólico, pintoresco y abierto para nuestro encuentro Erasmus+ bajo el atractivo título “A world without discrimination”. Como objetivo principal, el tratamiento y elaboración de una guía sobre lenguaje inclusivo y no discriminatorio, pero como propósito básico, la conformación de redes de solidaridad personal y colectiva para contribuir a un mundo más justo. Discutimos largo y tendido sobre términos y conceptos: “migrantes” o “personas en movimiento”; “diversidad funcional” o “personas con discapacidad” o “clase social” o “estatus social”,…

Durante una semana reflexionamos y recapacitamos en torno al sentido del lenguaje y la importancia de la etimología en la creación de significados que construyen nuestro actual mundo global y que, desde mi perspectiva, deben ser siempre deconstruidos. Para muchos pudiera ser un ejercicio fútil y baladí, pero para todas las personas presentes fue una acción directa de transformación social. El material elaborado fue sólo ápice a nuestro trabajo, puesto que más indispensable fue tejer complicidades con organizaciones y entidades de países lejanos y culturas diversas, que deben solidificadas en pro de nuestra responsabilidad compartida hacia un sistema menos desigual. Fue interesante ampliar el foco y conocer las particularidades del lenguaje genérico en distintos entornos como Armenia, Hungría, Bulgaria o la misma Turquía, para evidenciar similitudes y constatar disparidades, reconociendo así al Otro en sus propias identidades e identificaciones. Todo el proceso se edificó sobre conversaciones, juegos, reflexiones, confesiones, confidencias y también excursiones –como la de Ephesus, maravilloso lugar estandarte de la confluencia de culturas y civilizaciones- además de, risas, muchas risas.

De esta manera, nos adentramos en nuevas culturas a través de quienes las forjan, las personas. Conociendo nueva gente empezamos a empatizar con éstas, creando al mismo tiempo un equipo plural y diverso gracias a interesantes actividades de team building desarrolladas desde la participación activa y la voluntad de conocer, reconocer y valorar. De entre las actividades propuestas, una destaca por encima de las otras, configurando uno de los mayores ejercicios de generosidad que he conocido jamás: el libro viviente. Gracias a las personas voluntarias que compartieron vivencias íntimas llegué a lugares hasta entonces inhabitados de mi propia alma. La profundidad de las historias, su riqueza en las explicaciones y la consonancia con la temática abordada calaron hondo y ahí siguen guardadas como un tesoro preciado. Fue el mayor ejercicio de escucha activa, reafirmación y viveza que podríamos haber realizado en ese contexto de lucha ideológica contra la discriminación. Nunca me cansaré de agradecer esa pulsión de sinceridad brotada de la entrañas producto de la segregación y exclusión que, desafortunadamente, debemos seguir combatiendo en estos momentos de regresión brutal de derechos a nivel mundial.