La Hungría de Orbán

Hungría se está convirtiendo en un país restrictivo para con los refugiados. El Primer Ministro Viktor Orbán ha convocado recientemente un referendum acerca de la situación que vive el país debido a la gran presencia de refugiados mientras cierra las puertas a los solicitantes de asilo para preservar su integridad étnica, cultural y religiosa dentro del continente europeo.


Autor: Luís Vilachá


Hungría protagoniza las portadas y diarios de la prensa europea tras las últimas medidas adoptadas por el Primer Ministro Viktor Orbán. Desde su reelección en 2014 gracias a una amplia mayoría del 44,87%, Hungría ha sido protagonista a consecuencia de diferentes cambios legislativos que afectan directamente a la población inmigrante y especialmente a los refugiados que buscan en el país centroeuropeo una salida a la situación de guerra que asola Próximo Oriente.

Viktor Orbán inició en el año 2010 su segunda etapa como Primer Ministro de la mano de Fidesz, partido del cual es líder desde 2003, con una amplia victoria electoral del 52,73%. A esta gran victoria le siguieron importantes cambios legislativos en el país para, según la versión oficial, evitar perder la esencia nacional que define a los húngaros y de acuerdo con el propio Viktor Orbán llevar a cabo una ”guerra política” contra las multinacionales, los bancos, los consumidores y los deudores extranjeros, o lo que es lo mismo, más política y menos mercado. Durante la primera parte de su mandato (2010-2014) las políticas llevadas a cabo por Viktor Orbán fueron ampliamente criticadas por diferentes sectores y organizaciones del país, por sus decisiones sobre el matrimonio tradicional, los nuevos tramos de impuestos y los impuestos a la utilización de internet o su férrea política contra los bancos y las grandes multinacionales, especialmente las de energía. Ésta guerra por el control de sectores claves de la economía nacional, como por ejemplo el sector energético, tiene su origen en el empobrecimiento seguido tras la desintegración del espacio soviético en donde una gran parte de los sectores estratégicos del país, principalmente el energético, fueron a parar a manos extranjeras, donde surgen ejemplos tales como EDF (Francia), E.ON (Alemania) o ENI (Italia).

Los préstamos contratados con el FMI en 2008 también centran la batalla por la soberanía e independecia nacional húngara que encabeza Orbán y que se demuestra en la negativa del gobierno a pagar las deudas con el ente internacional achacando que las pensiones, las prestaciones familiares y la independencia de Hungría están por delante de préstamos o intereses internacionales. Los préstamos y la deuda con el Fondo Monetario Internacional cobra gran trascendencia ya que el gobierno Orbán responsabiliza de la grave crisis económica que sufre el país en primer lugar a los bancos pero también al Partido Socialista Húngaro que ostentó el poder entre 2002 y 2010, acusándolo de llevar al país a contratar dichos préstamos y a la ruína y desaceleración y a estar además detrás del Informe Tavares, el cual según fuentes próximas al propio gobierno ridiculizó al país a nivel internacional. El informe Tavares es una resolución propuesta por el eurodiputado verde Rui Tavares y aprobada por el Parlamento Europeo en julio de 2013 en la que se condenó a Hungría por su giro autoritario y antidemocrático y que según el gobierno Orbán tuvo al Partido Socialista Húngaro (MSZP) detrás de su redacción y proposición.[1]

El MSZP es uno de los grandes focos de atención en la política del Primer Ministro Orbán ya que les culpa entre otros der ser un mero reciclaje del Partido Socialista Obrero Húngaro (MSZMP) que gobernó Hungría durante los años de influencia soviética entre 1956-1989. Aún así, desde diferentes sectores y organizaciones pro derechos humanos de la sociedad húngara consideran que la política seguida por el propio Orbán y su <<Orbanismo>>, son los que recuerdan en mayor medida a la propia etapa comunista ya que el clientelismo y el personalismo o Gaullismo en la figura de Viktor Orbán es una de los sellos más importantes dentro de la manera de hacer política del Primer Ministro. Además, el vacío de poder dejado por grandes instituciones y corporaciones durante esta ”guerra política” contra empresas multinacionales y bancos lo empiezan a copar una nueva oligarquía de afines a Fidesz, el partido del gobierno, con lo que hay una simple substitución de quién ostenta y regenta el poder.

Los sectores críticos tildan el Orbanismo de clientelismo y populismo, por sus toques nacionalistas y eminentemente populistas, que no esconden otra cosa que una política estrictamente conservadora y nacionalista llamada a recuperar el orgullo perdido por el pueblo de Hungría durante años y años de derrotas internacionales frente a potencias y entidades extranjeras.

Este discurso eminente nacionalista fue clave para que Viktor Orbán revalidara la victoria en 2014 pese a reducir el número de escaños en la Asamblea Nacional de 386 a 199, medida ampliamente criticada por diferentes sectores dentro de la sociedad húngara ya que beneficiaba netamente al partido de Orbán por ser el mayoritario en diversas regiones del país.

Desde su segunda e inapelable victoria y coincidiendo con el inicio de la grave crisis de los refugiados que asola los cimientos de la construcción europea, la política de Hungría ha continuado su giro hacia posiciones de defensa de los intereses y valores que conforman los rasgos nacionales de Hungría. Es por ello que el pasado 24 de febrero Orbán anunciaba sus planes de convocar un referendum para conocer la opinión de la sociedad húngara sobre como abordar de manera independiente la crisis de refugiados que afecta al país y en donde los húngaros serán preguntados si están de acuerdo con las cuotas de refugiados que Bruselas intenta que los Estados Miembros acepten, o si por el contrario consideran que la Asamblea Nacional es la que deba de tener la última palabra al respecto frente a las decisiones tomadas en Bruselas. Y es que según considera el Primer Ministro, sería un abuso de poder y un menosprecio para con el pueblo de Hungría y por ende a la soberanía que representa el Parlamento húngaro aplicar las cuotas que dictamina Bruselas sin antes consultar al Parlamento y al pueblo húngaro.

Diferentes organizaciones como Amnistía Internacional alertan del giro anti-democrático que el gobierno húngaro pretende llevar a cabo con éstas medidas, y es que como también alertan algunos partidos de la oposición y diferentes sectores de la sociedad húngara, el referendum no es más que una nueva maniobra política para aprobar medidas que menoscavan los intereses y derechos del pueblo húngaro y que generarían gran controversia de ser preguntadas al pueblo de manera directa, tales como la privatización de propiedades del estado o una nueva regulación para la apertura de comercios los domingos, entre otras, demuestran para muchos como Orbán intenta imponer nuevas medidas legislativas utilizando la amenaza migratoria como excusa.

Durante el pasado año 2015, el gobierno de Orbán construyó vallas a lo largo de su frontera con Serbia y Croacia para evitar que los refugiados atravesaran y pidieran asilo en el país. Estos acontecimientos siguieron al ”estado de crisis” que el gobierno húngaro decretó el 15 de septiembre de 2015. Conjuntamente con la construcción de las vallas fronterizas con Serbia y Croacia el ejecutivo Orbán promulgó un nuevo Código Penal y una nueva Ley de Asilo para regular y penalizar como delito la entrada ilegal a través de las fronteras del país. La propia Ley de Asilo incluye la diferencia entre los países seguros donde se encuentran los Estados Miembros de la Unión Europea y recientemente, Serbia y Macedonia, de los países terceros a la hora de ejercer las devoluciones.

Diversas ONGs húngaras y europeas así como la propia Comisión Europea, han mostrado su preocupación ante lo que consideran una posible violación de los derechos humanos por no asegurar el principio de no devolución y de violar las leyes de asilo comunitarias. Como informa Amnistía Internacional en su informe anual 2015/2016 [2], pese a que Hungría ha firmado todos los tratados en favor de los derechos humanos, durante el pasado año 2015 el gobierno húngaro denegó de manera legal y física en repetidas ocasiones el derecho al asilo a personas que huían de conflictos bélicos. Además, según menciona el propio informe, el ejecutivo Orbán utiliza nuevamente la delicada situación de los demandantes de asilo para ahondar más los niveles de desigualdad de otro de los sectores sociales más perjudicados del país, la población romaní.

La Hungría de Viktor Orbán aún tiene dos años más por recorrer, su influencia para con su entorno y en el futuro de miles de solicitantes de asilo dependenderá en buena medida de las políticas que se lleven a cabo en los próximos meses. Habrá que estar por tanto atentos para ver si el <<Orbanismo>> de Viktor Orbán en Hungría es en buena medida una situación aislada a consecuencia de la grave crisis migratoria que sufre Europa o si por el contrario representa una nueva forma de hacer política en el viejo continente que aprovechando la delicada situación de la crisis de refugiados y el vacío de poder residente en Bruselas, enarbola la bandera de recuperación de la soberanía e integridad territorial como también se puede percibir en otros países del entorno comunitario. Si es así, quizás el proyecto europeo fundado en la bases de la libre circulación de personas, la paz, la defensa de lo derechos humanos, el libre comercio, el intercambio de ideas y el multiculturalismo esté convirtiéndose en un proyecto descafeinado que para nada tiene que ver con los principios fundacionales de la propia Unión Europea.

[1] Resolución del Parlamento Europeo. Textos aprobados. Julio 2013. http://www.europarl.europa.eu/sides/getDoc.do?type=TA&reference=P7-TA-2013-0315&language=ES&ring=A7-2013-0229

[2] Amnistía Internacional. Informe anual 2015/2016.

https://www.amnesty.org/en/latest/research/2016/02/annual-report-201516/