Diario de voluntariado (5): Voluntariado en tiempos del coronavirus


por  Miguel Moreno


La crisis global desencadenada por la expansión del coronavirus ha acabado llegando también a Baia Mare. La situación es bastante extraña. Como está pasando en todo el mundo, es algo con lo que ni voluntarios, ni organización ni beneficiarios contábamos, y nos está obligando a cambiar muchas cosas que hasta ahora no nos habíamos ni planteado. Al cambio de espacios y rutinas se suma la incertidumbre en torno a todo lo que está relacionado con el proyecto ESC: ¿qué hacer si no podemos estar en contacto con los beneficiarios, principalmente niños y adolescentes?, ¿cómo coordinarnos con el profesorado?, ¿cómo adaptar actividades?, ¿tiene sentido seguir con el proyecto en estas condiciones?, ¿cómo nos afectan las restricciones impuestas por el gobierno de Rumanía?, ¿vamos a quedarnos atrapados en el país?

Las noticias y rumores sobre la expansión del coronavirus, que llevábamos oyendo desde hacía un par de meses, se volvieron cada vez más presentes a medida que empeoraba la situación en Italia. Italia es el país con más ciudadanos rumanos fuera de Rumanía, y muchos de ellos son originarios de Maramures, la región de la que Baia Mare es capital. La situación en Rumanía era de total normalidad hasta principios de marzo. Pero esto empezó a cambiar cuando muchos rumanos residentes en Italia empezaron a volver, especialmente cuando Italia puso en cuarentena a varias de sus regiones. En la segunda semana de marzo ya estaban contabilizados varios casos en Rumanía, y ya no únicamente importados de Italia. La percepción que teníamos desde aquí no era de preocupación, pero los coordinadores de AIST, nuestra organización, tienen contactos en Italia, y pronto nos avisaron de que las cosas podían cambiar pronto. En esa semana se anunció que las escuelas cerrarían en unos días como medida de precaución, una decisión que en Rumanía se tomó, por suerte, en una fase muy temprana. El cierre de las escuelas no implicaba, en ese momento, el cese de actividad en nuestra organización, pero los coordinadores decidieron adelantarse, cancelar todas las actividades presenciales y cerrar indefinidamente, tanto las aulas como la oficina.

El anuncio de que se detenía toda la actividad presencial nos tomó por sorpresa. Sabíamos que la decisión se iba a acabar tomando, pero no tan temprano. Pero más nos sorprendió que tuviéramos que firmar un documento declarando que no íbamos a abandonar la ciudad de Baia Mare a riesgo de ser expulsados del proyecto. Esto provocó quejas por parte de algunos voluntarios, pero todos acabaron firmando, puesto que justo en esos días todos empezamos a recibir mensajes de advertencia por parte de sending organizations, agencias nacionales, gobiernos y embajadas – algo que acabó por convencer a aquellos que todavía no veían la gravedad de la situación.

En ese momento fue de agradecer el acompañamiento del equipo de Isagoria, que se puso en contacto conmigo para conocer la situación y las medidas que se estaban tomando en Rumanía, para informarme sobre mis opciones y derechos, y para intentar facilitar los siguientes pasos según la decisión que tomara sobre si quedarme en Rumanía o no. Desde el inicio he tenido claro que iba a quedarme, y lo mismo piensan la mayoría de voluntarios en el proyecto. Hasta ahora, sólo 3 voluntarias han decidido marcharse, algo que ha sido moralmente fastidioso para el grupo, porque prácticamente no nos hemos podido despedir después convivir y trabajar juntos durante casi 7 meses. En todo caso, hemos tenido suerte: quien ha querido marcharse, ha podido hacerlo antes de que se cancelasen rutas y vuelos; y parece que los que hemos decidido quedarnos estamos convencidos de nuestra decisión.

Los que nos quedamos aquí seguimos trabajando diariamente desde casa. Adaptamos actividades para que los alumnos puedan hacerlas en línea, desde casa, con recursos y materiales comunes. Dos días a la semana se envían varias actividades a las familias (que en su mayoría se muestran bastante implicadas), y nos envían los resultados por correo o redes sociales. Las actividades varían según grupos de edad, pero tienen en común que siguen teniendo los mismos objetivos de siempre: el aprendizaje de idiomas y la integración de valores democráticos. Pueden ir desde la práctica de manualidades siguiendo instrucciones en inglés, a la creación de un guión de teatro a través de mensajería entre alumnos de un mismo grupo, o el seguimiento de películas en versión original a través de fichas o guías. Por suerte, el acceso a Internet en Rumanía es muy común, y de momento no nos hemos encontrado con casos de beneficiarios que no puedan acceder a las actividades.

La medidas de prevención se han tomado muy pronto en Rumanía. Empezaron siendo graduales, pero se llegó al mismo nivel de restricciones que en España, Francia o Italia cuando sólo habían unos 300 casos confirmados en el país. El complicado estado de la sanidad en Rumanía ha tenido mucho que ver con ello, ya que se teme que el sistema colapse mucho antes que en países de Europa occidental. Respecto a nuestra situación y la continuidad del proyecto: las condiciones se mantienen, de momento, ya que somos capaces de adaptar el proyecto al nuevo contexto y seguir cumpliendo los objetivos marcados. Seguiremos contando con alojamiento y con los ingresos que recibimos cada mes, y es posible que siga siendo así incluso después del fin del proyecto (1 de junio), si la situación continúa más allá de esa fecha.